Función de las emociones
Las emociones nos motivan a actuar y a comunicar nuestras necesidades. Lo importante es aprender a responder de maneras que nos ayuden a afrontar lo que ocurre y acercarnos a lo que es importante para nosotros.
Tristeza
Sentimos tristeza ante la pérdida de algo que valoramos: una relación, un ser querido, el trabajo, la salud… También puede aparecer cuando nuestra vida se aleja de algo que esperábamos, deseábamos o considerábamos importante.
La tristeza puede llevarnos a disminuir temporalmente el ritmo de nuestras actividades y dirigir nuestra atención hacia lo que hemos perdido o ha cambiado. Esto puede ayudarnos a adaptarnos a la pérdida o al cambio, reconocer cómo queremos continuar con nuestra vida y buscar el apoyo o la cercanía de otras personas.
Ejemplo: ante la pérdida de una relación, podemos necesitar tiempo para reconocer lo ocurrido y buscar el apoyo de las personas cercanas.
El mensaje de la tristeza: «Algo que valorabas ya no está o ha cambiado. Necesitas tiempo para reconocer este cambio y quizá apoyo o compañía».
Cuando sientas tristeza pregúntate:
- ¿He perdido a alguien o algo que valoraba?
- ¿Hay algo importante que cambió o no ocurrió como esperaba?
Miedo
Sentimos miedo cuando percibimos una amenaza para nuestra seguridad o la de alguien que nos importa. Puede prepararnos para responder rápidamente y protegernos ante un peligro.
El miedo puede llevarnos a detenernos, alejarnos, protegernos, pedir ayuda o tomar medidas para reducir el riesgo, esto dependerá de lo que esté ocurriendo y de lo que necesitemos proteger.
Ejemplo: ante la reacción agresiva de una persona, en medio de una discusión, el miedo puede llevarnos a no responder en ese momento y alejarnos del lugar para ponernos a salvo.
El mensaje del miedo: «Algo puede dañarte a ti o a alguien que te importa. ¡Protégete!»
Cuando sientas ansiedad, pregúntate:
- ¿Algo amenaza mi vida, salud, seguridad o bienestar, o los de alguien que me importa?
Ansiedad
Sentimos ansiedad cuando percibimos una posible amenaza a algo que valoramos: una relación, la salud, el trabajo o la pertenencia a un grupo.
Nos impulsa a anticipar riesgos, mantenernos atentos a lo que podría ocurrir y prepararnos para responder ante una situación futura.
Ejemplo: la ansiedad ante una entrevista de trabajo puede motivarnos a organizar el currículum, practicar respuestas y prepararnos para preguntas frecuentes.
Mensaje: «¿Y si sale mal? ¿Qué puedo hacer aquí y ahora?»
Cuando sientas ansiedad, pregúntate:
- ¿Un evento futuro podría amenazar algo importante para mí o para alguien que me importa?
Enojo
Sentimos enojo cuando percibimos que nosotros o alguien que nos importa ha sido perjudicado, tratado injustamente o que algo importante está siendo obstaculizado. También puede aparecer cuando sentimos que alguien ha transgredido un límite importante.
El enojo puede orientarnos a proteger lo que importa, expresar una inconformidad, establecer un límite o buscar una solución al problema. La respuesta más útil dependerá de la situación.
Ejemplo: reclamar con firmeza a una compañía por un cargo indebido puede ayudarnos a defender nuestros derechos y buscar una solución.
Mensaje: «Algo importante está siendo obstaculizado o un límite ha sido transgredido. Atiéndelo y protege lo que importa.»
Cuando sientas enojo, pregúntate:
- ¿Algo o alguien está obstaculizando el logro de un objetivo importante para mí o para alguien que me importa?
- ¿Alguien transgredió un límite personal o el de alguien que me importa?
Culpa/Vergüenza
Sentimos culpa cuando consideramos que nuestra conducta transgredió nuestros valores o principios. Puede motivarnos a reconocer nuestra responsabilidad, disculparnos, reparar un daño o modificar nuestra conducta.
La vergüenza puede aparecer cuando percibimos que nuestra conducta amenaza nuestra pertenencia o la forma en que somos valorados por una persona o grupo que nos importa. Puede llevarnos a ocultarnos o alejarnos, pero también puede orientarnos a revisar nuestra conducta y considerar cómo queremos relacionarnos con los demás.
Ejemplo: si insultamos a un amigo sin justificación, podemos sentir culpa y decidir disculparnos o reparar el daño. Si además otras personas presenciaron lo ocurrido, podemos sentir vergüenza y querer apartarnos. Podemos utilizar esa experiencia para reflexionar sobre cómo deseamos comportarnos en situaciones similares.
Mensaje:
- Culpa: «Tu conducta no fue coherente con lo que consideras importante. Revisa lo ocurrido y, si es necesario, repara el daño.»
- Vergüenza: «Sientes que tu conducta puede afectar tu pertenencia o la forma en que eres valorado. Revisa lo ocurrido y decide cómo quieres responder.»
Cuando sientas culpa o vergüenza pregúntate:
- Culpa: ¿Mi conducta transgredió alguno de mis valores o principios?
- Vergüenza: ¿Mi conducta podría afectar mi pertenencia o la forma en que soy valorado por alguien o un grupo que me importa?
observa si la forma en que respondes a la emoción te orienta a cuidar lo que valoras:
Si la respuesta es SÍ: continúa en esa dirección, procurando aproximarte a lo que es importante para ti.
Si la respuesta es NO: haz una pausa. Algunos ejercicios de regulación emocional pueden ayudarte a disminuir la intensidad del malestar, observar con mayor claridad lo que está ocurriendo y elegir cómo quieres responder.
Si tus emociones son abrumadoras y luchar con ellas ha empezado a ocupar cada vez más espacio en tu vida —evitas situaciones, renuncias a objetivos, restringes actividades, usas sustancias…— podemos concertar una cita y empezar por explorar qué está sucediendo.